Diez minutos no es nada

 

Hoy me he despertado justo diez minutos antes de que sonara el despertador. Ni cinco, ni ocho, ni tres, exactamente diez. Hay que ver que rabia me da eso. Porque cuando son dos horitas, una o incluso media, dices, ay que bien, media vuelta y a dormir, ya sonará. Pero con diez no te da ni para volver a cerrar los párpados. El error ha sido quizá el hecho mismo de mirar el reloj. Hacer ese esfuerzo que supone pasar del duermevela maravilloso de las últimas horas de la noche a un estoy casi despierta, que te hace alargar la mano y darle al botoncillo de la luz del reloj y abrir un ojo a duras penas para ver la fatídica hora.

Así he empezado el lunes. Despertándome cuando no debía y llevándome un disgusto muy grande. Y eso que mi reloj biológico, ese desgraciado reloj que todos tenemos que nos suele hacer despertar en días de fiesta a la misma hora que si fuera un día laborable normal en el que hay que ir a trabajar, estaba ya cambiado a la nueva situación findesemanera (a pesar de que olvidé apagar el despertador tanto el sábado como el domingo, que cabeza loca la mía) y no debía haberme jugado esta mala pasada.

Deberían prohibir los diez minutos antes de despertarse o los relojes biológicos. Aunque fuera sólo los lunes.

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2 comentarios en “Diez minutos no es nada”

  1. :-) a mí me pasa todos los días, pero lo veo de manera positiva: disfruto de los minutillos extra en la cama, aunque te recozco que los lunes son durillos hasta para ese disfrute…

    ¿Soy la primera en escribir en el nuevo blog? :-D

     
  2. Sip, eres mi primera comentarista en el nuevo formato. Gracias por pasarte por aquí. :-)
    Y a ver si mañana no me despierto esos 10 minutos antes!

     
 
 

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