Procrastinación ¿patología o simpática filosofía de vida?

¿Quien no ha dejado de hacer algo por miedo, pereza, aburrimiento, agobio o porque simplemente siempre se le ocurría algo mejor que hacer? ¿Quién no ha pensado, mejor lo hago mañana que se me dará mejor? ¿Eres de los que afirmas que trabajas mucho mejor bajo presión? ¿Que cuando te quedan horas para terminar algo es cuando más rindes? ¿Nunca encuentras tiempo para los trámites? ¿El cambio te asusta tanto que siempre lo pospones?
Si has respondido sí a una o más de estas preguntas, entérate, resulta que puede que seas un procrasitnador (procrastinar = del latín, procrastinare, que significa diferir, aplazar), o eres carne de padecer un trastorno del comportamiento: la procrastinación. Al menos así podrían confirmártelo en procrasting.org. Sin embargo si nos tomamos la molestia de hacer una estadística de los que pasamos olímpicamente del no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy en favor de un no hagas hoy lo que puedas hacer mañana, nos encontraríamos con que seríamos una inmensa y aplastante mayoría. Así que una de dos, o somos muchos los que estamos en el saco de la procrastinación o es que realmente no es lo que parece.
Y es que al margen del bombo que se ha dado y quizá la tribialización que se ha hecho de este asunto (con ocasión de la celebración del procrasting day el 12 de junio), no está de más profundizar más sobre el tema. ¿Es una cuestión consustancial a la naturaleza humana, una filosofía de vida o es realmente una patología que debe tratarse? ¿Es la procrastinación una patología propia y exclusiva de nuestro tiempo o es algo más viejo que el hilo negro, que se ha agrabado con nuestro ritmo de vida, posibilidades y nivel de exigencia? ¿Quieres saber qué he encontrado? Pues no te lo pierdas y continúa leyendo. No procrastines la lectura, encuentra tu perfil procrastinador.
Efectivamente, la procrastinación es una patología que existe, y que afecta a nuestro comportamiento en relación con la gestión de nuestro propio tiempo. Pero una cosa es tomarse la vida con tranquilidad, ser un vago o perezoso, que te aburra tu trabajo o que realizar trámites te resulte molesto y otra es postergar sistemáticametne cualquier tarea que uno tenga que realizar, comenzar mil y una cosas y no acabar ninguna o ser incapaz de tomar decisiones que se traduzcan en acciones en cualquier faceta de la vida. En definitiva la procrastinación implica bloquearse para la acción y posponer las cosas sin fecha, cambiando constantemente las cosas que tenemos que hacer por algo que nos resulte más sencillo y cómodo.
Como todo en la vida, en el equilibrio está la virtud. En el fondo a todos nos dan pereza ciertas cosas y descansar de las obligaciones es lo más sano que podemos hacer para conseguir un estilo de vida saludable. Ahora bien, procrastinación no es pereza. Es un problema de constante postergación de acciones y decisiones que resulta problemática para el que la padece, pues le provoca malestar (nueva frustración). Así que la procrastinación no debe confundirse con una filosofía de vida relajada o una actitud de vagancia y pereza.

No hay acuerdo sobre las causas de procrastinación, vamos, que cada cual procrastina por una razón: inseguridad, depresión y poca tolerancia a la frustración (no hay fuerzas para hacer las cosas o bien y miedo a meter la pata otra vez), hiperactividad y exceso de ingenio (empezar constantemente cosas nuevas que no podemos terminar porque a la que nos ponemos con ello otra nueva idea nos distrae) o perfeccionismo excesivo (nunca podré hacerlo tan bien como quiero, así que ¿para qué hacerlo?), o por último un exceso de confianza (si total, no tardo nada, me pongo dentro de dos horas). Si tienes miedo de estar dentro del grupo de los crónicos porque pudieras ser eres uno de estos perfiles procrastinadores, ahí van unos consejos para reconocer a un verdadero procrastinador.
Es probable que nuestro estilo de vida actual nos empuje irremediablemente hacia la procrastinación. Esa incesante tendencia y obligación de estar al día, ese ambiente competitivo, esa obligación de tener que ser y llegar mediante adquirir. Esa obligatoria comparación. El bloqueo puede traducirse en un aplazamiento de tareas. Nos dedicamos simplemente a hacer lo que nos parece más sencillo o agradable de hacer, dejando todo lo demás para no se sabe cuando. Así que ¿no es menos cierto que quizá saturarnos de ocio y vivir en un entorno laboral o vital excesivamente ineficiente que nos obliga a trabajar de más puede llegar a superarnos? De modo que el problema no es solo como somos (comportamientos adquiridos y automáticos) sino en qué ambiente vivimos (comportamientos forzados).
Evitar que la procrastinación como patología nos invada y se convierta en algo crónico en nosotros es algo a nuestro alcance y quizá, entender que lo padecemos o lo podemos padecer es una ayuda para evitarlo y un primer paso para luchar contra ello logrando día a día una pequeña victoria. Para los que respiraron aliviados porque saben que simplemente son personas con tiempo limitado de actuación y ganas de desistir de vez en cuando, enhorabuena, aunque ¡cuidado!, nadie está libre. Y para los que realmente se agobiaron con el tema solo un comentario: no eres un vago, no estás solo y no es algo incurable.
Haz Trackback: trackback desde tu sitio.



[ 4 votos | media de 4,75 sobre 5 ]
Iba a procrastinar el comentario, pero he hecho propósito de enmienda…
Me ha gustado la reflexión. La Procrastinación es muy seria cuando es patológica, las personas sienten que no “pueden hacer lo que deben de hacer” esto las hace sentir tremendamente frustradas llegando a la depresión y en mucho casos a la muerte social. Gracias por tu aportación.
De nada Luria. Al final, si se padece es bueno saber que se puede trabajar para no sufrirlo en exceso y, desde luego, no me parece muy honesto tribializar como se tribializa el asunto. Un saludo.