De una comida que podía haber acabado bronca

 

Ya sabéis que a mi me encanta contaros todas las tontás que me pasan (sean o no en Valdemoro). Pues ésta anécdota que voy a relataros no tiene desperdicio. La pena es que no la podréis reproducir en Valdemoro, que le vamos a hacer. Yo al menos me he reído como nunca. 

Pongámonos en situación: bufé asiático de aquellos en los que puedes comer todo lo que te dé de sí el estómago y el ánimo, y en el que la comida se distribuye gracias a una simpática cinta transportadora. Llego con unos amigos a comer, en la que es mi primera experiencia en un sitio como éste. Había estado en otros con similar temática, eso sí, en los que había que pagar por cada plato consumido, y ahí, claro, la cosa cambia. (Para más información, ver gráfico 1). 

cinta-transportadora_el-inicio

Gráfico 1

 

 

En primer lugar ni que decir tiene que comes lo que a ellos les viene en gana sacar. Y me diréis, claro, como en todos los restaurantes. Bueno, en cierto modo, pues en este no había carta propiamente dicha (o yo no la vi) y tampoco sabías a lo que atenerte (había que afinar para saber: gambas garrapiñadas, carnes en cuenco, tofu camuflado, ensaladas, empanadillas pestosas, fresas rugosas y asquerosas, por no hablar del sushi, parecía un canto rodao). Además, yo considero que el orden en el que pides un plato es fundamental, no se, quizá por organizar los sabores y la pesadez. 

Pero vayamos al lío: comer ahí es una auténtica agonía. Una agonía directamente proporcional a la tendencia a la gula que tengas o del hambre que traigas. No dejan de pasar cosas y de repente te entra el agobio de cogerlo todo. Los que están junto a la cinta no comen (pásame esto o pásame lo otro) y los que la tienen lejos sufren porque nunca cogen lo que quisieran (ni siquiera lo ven). Por lo tanto conviene orientar a los más hambrientos junto a la cinta y a los que les de igual más hacia el exterior. 

Sinceramente nosotros ni lo pensamos (nos sentamos por el método FIFS, First In First Seat) y ciertamente daba igual pues en pocos minutos la conversación se redujo al mínimo (pásame el pato), mientras que la tortícolis o el mareo, si te toca contra la cinta, iban en aumento. Lo importante era trincar la comida. Mirar, lanzar la zarpa (o pedir) y zampar. 

Cuando ya creíamos que eramos los reyes del mambo (cerdo, pato, ay el pato…, pollo…) sucedió la tragedia. La irrupción de un grupo multitudinario que se ubicó frente a nosotros en la cinta (ver gráfico 2). 

cinta-transportadora_el_problema

Gráfico 2

 

Entonces comenzó el duelo. Ellos tenían ventaja, pues estaban en la zona de salida de los platos. Nosotros, la experiencia (ni te digo el gadgeto brazo que tenían los que estaban ubicados junto a la cinta) y los pocos escrúpulos (se coge de la ida o de la venida, faltaría más). Miradas de desconfianza, incluso odio, y… rapidez. La rapidez ante todo. Se trataba de ver y coger el plato en una milésima de segundo. O al menos, lo justo para que el de enfrente no lo localizara. Acabamos con el contenido de la cinta por el puro pique, no te digo más. Menudos movimientos de muñeca y qué ansias. 

Los pobres señores de la Fábrica de comida (ver gráfico 1 o gráfico 2, indistintamente) pusieron el turbo para satisfacernos y el tema se colapso. Dicen que la naturaleza es sabia, o quizá sea el Karma. La cuestión es que la cinta se bloqueó (ahora no come nadie, listos, todo al suelo). Y nos echamos todos reir (como dijo una de nuestras comensales rivales: ¡parecen las maletas del aeropuerto!). La cosa quedó ahí, antes de llegar a las manos, y todos casi saciados. 

En fin, que ha sido toda una experiencia, creo que para no repetir, pero, quien sabe, quizá el día que tengamos que mantenernos alerta o que nos queramos reir, volveremos. Pues yo se de uno que se quedó con ganas de pato y yo, quiero lograr la victoria de hacerme con del dim sum.

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2 comentarios en “De una comida que podía haber acabado bronca”

  1. Joder tia, es buenísimo. Lo que me he reído leyendo esto. Me han entrado unas ganas de ir al sitio este que no veas. Me encanta.

     
  2. Que tía…

     
 
 

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