Reflexiones sobre el humo
Recuerdo que cuando era pequeña veía las imágenes del Congreso de los Diputados en los telediarios o bien los debates de aquellos señores con traje marrón y patillas largas y/o frondosa barba. Es que en mis tiempos no había tanta esclavitud con el Pocoyó y Bob Esponja, que nuestros padres eran más de aquello de “niño tu ves lo que yo te diga y punto”, (como mucho nos dejaban ver el 1,2,3 y dale gracias). A lo que voy, que recuerdo que en aquellos visionados superficiales de tan interesantes acontecimientos no era de extrañar ver a todos los barbudos y patilludos fumando. Sus ducados y sus puros. De hecho, la humareda reducía aun más si cabe la calidad de la emisión. Y es que si aquellos que regían nuestros destinos fumaban como carreteros, no se podía imaginar que las cosas respecto al tabaco fueran a cambiar tanto.
Antes, cuando yo iba a la universidad por ejemplo, en los autobuses se podía fumar. Y en invierno, cuando al tabaco se sumaba el vaho interior que se acumulaba en los cristales, el ambiente se hacía francamente irrespirable. También se fumaba en la universidad. En el metro. En prácticamente cualquier lugar público. Si me apuras incluso en los supermercados, bibliotecas, ministerios y demás. De hecho, cuando empecé trabajar, mi compañero de la mesa de detrás, un señor entrado en años, fumaba tabaco negro. Desde las ocho de la mañana ya se olía ese aroma (o tufo más bien) a tabaco impregnado en el ambiente.
En cambio hoy en día se acepta como normal el que no se fume en autobuses, trenes, centros de trabajo y mucho menos en el Congreso. Sin embargo hay un lugar que se resiste. Los bares y restaurantes. Aun se fuma y mucho. ¿No creéis que igual que se dejó de fumar en todos los sitios que antes he mencionado, al final también podríamos acostumbrarnos a no fumar en los restaurantes sin que fuera nada extraño?
Muchos afirman que si se dejara de fumar en los bares la gente dejaría de salir. Y que en consecuencia los bares quebrarían. Pero, ¿de verdad alguien se cree que esto sucedería realmente? ¿En España? ¿En la mismísima patria del tapeo? ¿En el lugar donde hay mayor número de bares por habitante y metro cuadrado y ninguno de ellos vacío? Yo sinceramente no lo creo. Es más, considero que el mercado de los no fumadores también es muy amplio y está agazapado. Deseando disfrutar del ocio barista igual que los demás, que lo cortés no quita lo valiente.
Aun así, la fecha en que esto ocurra, es decir, la fecha en que en los bares no se pueda fumar y quiebren está lejos de llegar aun, pues la ley parece haberse retrasado. Para tranquilidad de los bares y desgracia de los no fumadores. Y mientras llega, ¿conoces algún bar de no fumadores en Valdemoro? ¿Y alguno con zonas separadas? Compártelo con tus vecinos en los comentarios. Se agredece.
Haz Trackback: trackback desde tu sitio.




[ 4 votos | media de 4,75 sobre 5 ]