Despertar con glamur

Y con unos 300 euros menos. Pero, ¿y si uno puede realmente permitírselo?
Es el primer invento de estas características que tengo a mi disposición (la mayor parte de las veces se trata de objetos que observo en blogs de gadgets pero que nunca pasan de la intención de compra o la curiosidad), todo gracias a un regalo.
He de decir que el concepto de despertarse gradual y plácidamente me atrajo desde el principio. Y, lo mejor, resulta que funciona. Desde que esta lámpara está en el cuarto, no hay día que no me despierte antes de la hora (convenientemente) por la famosa luz gradual que emite. El sistema es sencillo: la lámpara comienza a iluminar la estancia gradualmente media hora antes de la hora indicada para que suene la alarma (que tiene también distintos tonos posibles, incluido un agradable ruido de pájaros). Se basa en la idea de que el cuerpo percibe que se trata de un amanecer, y por sí solo, va despertando los sentidos poco a poco. Hay distintas versiones, con más sonidos (pajarillos, suaves campanillas y selva africana ?¿?¿?¿?¿?¿?) e incluso con una base para el iPod (como no).
Hoy me he despertado justo diez minutos antes de que sonara el despertador. Ni cinco, ni ocho, ni tres, exactamente diez. Hay que ver que rabia me da eso. Porque cuando son dos horitas, una o incluso media, dices, ay que bien, media vuelta y a dormir, ya sonará. Pero con diez no te da ni para volver a cerrar los párpados. El error ha sido quizá el hecho mismo de mirar el reloj. Hacer ese esfuerzo que supone pasar del duermevela maravilloso de las últimas horas de la noche a un estoy casi despierta, que te hace alargar la mano y darle al botoncillo de la luz del reloj y abrir un ojo a duras penas para ver la fatídica hora.
Así he empezado el lunes. Despertándome cuando no debía y llevándome un disgusto muy grande. Y eso que mi reloj biológico, ese desgraciado reloj que todos tenemos que nos suele hacer despertar en días de fiesta a la misma hora que si fuera un día laborable normal en el que hay que ir a trabajar, estaba ya cambiado a la nueva situación findesemanera (a pesar de que olvidé apagar el despertador tanto el sábado como el domingo, que cabeza loca la mía) y no debía haberme jugado esta mala pasada.
Deberían prohibir los diez minutos antes de despertarse o los relojes biológicos. Aunque fuera sólo los lunes.