Exceso de Uvas
Dicen que un exceso de uvas fue el origen de la tradición navideña de las doce uvas, una por campanada. Bueno, quizá no ha sido desde el principio así, pero con o sin sutiles diferencias, ya serán cien años de tradición atraganto-gastronómica, más atraganto que gastronómica en realidad, porque a ver quien es el listo que es capaz de sacarle el sabor a las uvas cuando te las comes a tal velocidad. A veces pienso que la tradición no era solo para deshacerse de las uvas que iban a perecer en almacenes y vides, sino también para deshacerse de las viejas generaciones sin dientes y/o con problemas respiratorios… La cosa es que si no te comes las doce uvas en tiempo y forma, el futro pinta negro. Bueno, en realidad no es tanto en forma comoe n tiempo, porque lo de la forma da más o menos lo mismo. Lo mismo da que seis de las doce uvas se te escurran por las comisuras de los labios, que parte de su jugo reparador se te escape por nariz u orejas, o que la piel de las últimas uvas vaya a parar a la pechera de tu vecina de enfrente en un ataque de risa. Lo que cuenta es que las doce estén en tu boca entre la primera y última campanadas. Solo así tendrás suerte, buena estrella, buen fario, buen todo, en el año que entra. Un año entero, con sus días y sus noches se te puede ir al carajo por una mísera uva, porque un productor vitivinícola decidió un día que él no palmaba ni un real de su cosecha. Manda narices.
Tus sentidos se reactivan, prestas una sorprendente atención a la retahíla explicativa del sonido de los cuartos y del de las campanadas, como si te fuera la vida en ello, tus músculos se tensan y tu mirada se dirige a tus doce uvas, peladas o sin pelar, pepitadas o sin pepitar. Ahí están, doce pedacitos de tu futura vida, de tu futura suerte, de tus ilusiones del año entrante. Listos para la batalla. David contra Goliat. El mundo vegetal contra el animal, una lucha desigual y por supuesto ingrata. Pero así es. Ya no hay vuelta atrás. Un año más, me reiré, me reiré como siempre y como nunca, porque no lo puedo controlar, porque es tan ridículo y tan divertido de tan ridículo que es que me tengo que reir. Y un año más mi suerte se me irá por el conducto del aire, pero habré comenzado el año riendo y eso ya, nadie me lo quita.
Feliz nochevieja a todos.




