Archivo del tag Vacaciones

Cerramos por vacaciones

 

Por fin llegaron las ansiadas vacaciones. Cerramos unos días para descansar, que merecido lo tenemos, pero os dejamos con el ocio de las fiestas de septiembre. Nos vemos a la vuelta.  Cuidad mucho de Valdemoro y no nos echéis mucho de menos.

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La vuelta al cole

 

 

Hoy es un día de vuelta al trabajo para muchos, entre ellos la que escribe. Y aunque el hecho de que los niños todavía no vuelvan al colegio hasta mañana haya facilitado la vuelta (ni que decir tiene que se nota en el tráfico), llegar al trabajo esta mañana ha sido igualmente duro.

Es asombroso lo fácil que se acostumbra el cuerpo a las vacaciones. Rápidamente cambiamos los horarios de nuestros amaneceres, los de las comidas, los de acostarnos. A lo bueno rápido se acostumbra uno. Aun así, en esta vida que nos ha tocado vivir, hacen falta más que 4 días para quitarse el hábito de correr. El de la prisa. El del estrés. Al menos para mí.

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Sarenium III: Barranquismo nocturno

 

scooter-viejaYa estamos todos otra vez. Anda que no se nota que se acabaron las vacaciones para la mayoría. Volvemos a estar todos en las carreteras, en el transporte publico y en la vida. Desde luego mis vacaciones quedan ya bastante lejos.  Pero eso no impide que acabe la trilogía Sarenium de desgracias vacacionales. Hasta el año que viene…

Podría deciros que las cucarachas transgénicas que los pijisleños habían criado con tanto esmero en su aislada casita en medio de la montaña pero con vistas al mar nos perseguían. Pero no, pues se habrían congelado. Porque por aquellos entonces, ya estábamos sobre nuestra megamoto (en una isla es el transporte ideal, y más en esta, en la que en la mitad de las calles de los pueblos no cabía un coche) huyendo de allí.

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Sarenium II: La cucaracha transgénica

 

Por lo general, las islas son ambientes tranquilos. Y sus habitantes también. Suelen vivir a un ritmo diferente y saben disfrutar de los placeres de la vida. Para las hormigas de ciudad como yo resulta sorprendente ver como alguien puede vivir sin un centro comercial cercano (y si me apuras casi sin una tienda de ultramarinos), sin horarios para hacer las cosas y sobre todo sin prisas.

Los isleños suelen ser gentes sencillas y tranquilas, habituadas a la paz invernal y al bullicio estival. Y hacen bien en imprimir ese carácter lento a todo el que a ellos se acerca. ¡Que sería de nosotros los veraneantes sin esos momentos de paz que nos propician cuando nos hacen esperar tres cuartos de hora para servirnos un café o traernos la cuenta! (lo que no se es si hace bien a nuestros muñones remordidos).

La cosa es que en lo que a mis vacaciones se refiere, nuestros anfitriones isleños no eran de ese tipo. Eran más bien hormigas de ciudad tremendamente ricas que habían buscado un  retiro espiritual en una casa en medio de una enorme parcela ajardinada, llena de flores, plantas carnosas e insectos. Montaña con vistas al mar. Que envidia más sana. Desde luego era el lugar ideal para reposar después de la excursión en el Barco del Demonio. Cobijo, frutas y hortalizas, charla con los anfitriones y vino local. Todo ello a un precio impensable… Aunque no siempre es oro todo lo que reluce.

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Sarenium I: El Barco del demonio

 

Unas vacaciones sin mar no suelen ser vacaciones para una persona de secano como yo. De secano absoluto, para más señas. Cuando llega el periodo estival siempre tengo mono de mar. Un mono pequeño, no os creáis, porque en realidad cuando uno habita de continuo en un lugar con humedad entorno al 2% acaba echando de menos su nariz reseca, su pelo lacio recién lamido de vaca, y su sudoración controlable. Porque el sudor perenne en los entornos húmedos es un auténtico horror. Algo a lo que no me acostumbraría jamás. Es bajarme del avión en ese lugar marítimo deseado y zas! Los cercos sobaqueros. Es inevitable que te suden todas las juntas al mismo tiempo. Sudada y con el cabello auto-cardado años ochenta en un par de minutos soy un cuadro. Pero en fin, que son vacaciones y en vacaciones lo importante es descansar de la vida misma de una (incluido el secador) poner cara de embobada felicidad y salir bien en las fotos (que es lo que perdurará en el recuerdo).

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Historias de los que trabajan en verano (IV)

 

Por fin vacaciones.

descanso-vacacionalSí, lo cierto es que en estos días en los que aun y así ha habido publicación más o menos diaria, he estado de vacaciones (espero que no me hayáis echado mucho de menos). Unas vacaciones maravillosas, breves, emocionantes, divertidas, tranquilas, felices,… Vamos, unas auténticas vacaciones. Pero como no quiero poner los dientes largos a nadie que no las haya tenido o no las pueda tener, voy a realizar una serie de entradas de algunos sucesos nada vacacionales acaecidos durante este breve periplo de descanso, que espero que sean del agrado todos aquellos que leéis.

Os dejo indicada mi peculiar trilogía vacacionera SARENIUM, que en nada tiene que envidiar al Millenium de Larson. Para empezar porque se trata de una serie de mini relatos autobiográficos (versus los tres librazos de impresión de Larson, que además no son sino puritíta imaginación no exenta de ya me gustaría a mi ser como ese, aunque de eso hablaremos otro día), puesto que todo lo aquí acontecido lo he vivido en mis propias carnes morenas (ahora, antes más bien transparentes) y para terminar porque, desgraciadamente no todas tuvieron un final feliz (aunque siempre se pueda acabar echando unas risas cuando se rememora), sino más bien al estilo caótico que me caracteriza.

Aquí teneis los títulos de las futuras entregas, que enlazaré convenientemente cuando estén publicadas:

Sarenium I: El barco del demonio.
Sarenium II: La cucaracha transgénica.
Sarenium III: Barranquismo nocturno.

Que dura es la vuelta, madre de mi vida.

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Al final caí

 

milenium1Al final lo compré. No buscaba ningún libro en particular. Así que lo ví y pensé que podría ser una lectura interesante para estas vacaciones que se aproximan. No me asusta que sea una saga. Si no me gusta lo que lea no tendré que comprarme el resto libros, y si me gusta, pues también los compraré y disfrutaré.

No tengo ni idea de qué va. Sólo se que la librera me dijo que su autor (Stieg Larsson) no está ya en este mundo y que sus herederos se están haciendo de oro con la magnífica idea de dividir el libro en tres y venderlo por separado, que medio mundo está enganchado a esta trilogía y que Millenium lo nombran hasta en el Congreso de los Diputados (esto último solo me confirma que se tratará de una lectura ligera, si hasta nuestros gobernantes son capaces de leerlo y comprenderlo).

¿Alguno de vosotros lo ha leído o lo está leyendo? ¿Qué tal? ¿Es para tanto, para menos o para más? Que nervios, no veo el tiempo de terminar mi libro actual y empezar con este.

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El retorno

 
Aunque no lo parezca, estos días he estado de vacaciones. Unas vacaciones deseadas, queridas y ansiadas que han venido y se han ido dejando un montón de buenos momentos y detalles, seguramente algún que otro kilo de más y, sobre todo, unos cuantos euros menos. Y qué voy a contar, pues que el retorno a la vida cotidiana provoca un bajón que, aun siendo interesante, no ha sido todo lo traumático que hubiera pensado. Y es que este agosto tiene a todavía a mucha gente enfrascada en vacaciones y en consecuencia se puede circular con relativa fluidez, no hace un calor desmesurado y la vida es más o menos tranquila. Eso y que me queda algún tiempecito más para relajarme (todo sea dicho). Pensaba hacer una descripción simpática de mis vacaciones, pero mientras me inspiro, vayan de muestra unas pocas imágenes:

Qué rápido pasa el tiempo cuando uno lo disfruta y que despacico lo hace cuando se vuelve a trabajar… ¿no so parece?

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A veces me canso

 

A veces me canso de la llamada vida adulta. Cuando eres niño, a parte de jugar y pedir (a ser posible no muy amablemente y con voz cansinamente desagradable), no tienes muchas más preocupaciones (bueno, sí, el que no te den lo que pides, pero al rato se te pasa). Luego de adolescente, te entra la vena de desear cosas más caras y no necesariamente de mayor tamaño (y en este caso concreto no me refiero al sexo opuesto, estoy en el plano material, no hormonal) pero viendo que no te las suelen dar todo lo que quisieras (absténganse de seguir leyendo aquellos que lo tienen todo, o bueno sigan leyendo para acceder a un relato sobre la vida cotidiana del resto de los mortales) y que tus padres solo están para ponerte pegas, llegas a desarrollar dos de las necesidades (y grandes errores) derivados de las ansias adolescentes: la independencia y las ganas de trabajar.

La independencia tiene sus ventajas (para qué negarlo) pero también grandísimos inconvenientes, a saber: que las tareas del hogar no se hacen solas (gran descubrimiento a la primera invasión de pelusas gigantes) y que cuando algo se estropea (que hay mucho con posibilidad de verse alterado) te toca pegarte a tí para que se resuelva. Sí, lo has conseguido, eres independiente, pero, un momento!… quizá seas independiente de tus padres pero eres esclavo de todo lo demás. Del de la luz, del gas, del agua, de la comunidad de vecinos, de la caldera, del taller mecánico, del jefe, del banco, de los muebles. Un lujo de vida la ¿verdad? ¿Y quién paga todo eso, y quién paga todo lo demás?. Pues salvo que seas de los que se abstuvieron de seguir leyendo o de los que leyeron pero solo para conocer lo que es la vida real del común de los mortales de clase media, no te queda más tu tía: TÚ. Y para eso pues que te voy a contar, que te vienen genial tus ansias adolescentes de trabajar. Así que vas y trabajas, cuanto antes mejor, en edad, me refiero. De sol a sol o de lunes a domingo, tonto de tí.  Y empiezas a ganar dinero (no mucho, enseguida viene la realidad a darte al primera lección) y es empezar a tener dinero y no parar de comprar cosas. Y es tener cosas y empezar con las mandangas: que si te las tienen que venir a montar, que si tienes que pelear para que te las monten bien, tienes que pelear para que no tarden seis meses, tienes que pelear porque te las traen equivocadas o porque te las montan mal.

Menuda pesacadilla que se muerde la cola… Si lo llegas a saber de adolescente te quedas con lo hormonal y mandas al carajo lo de la autoafirmación personal, ¿pa que?. Dame pan y dime tonto. Tarde o temprano llegarás al punto de desear con ansia infinita las vacaciones, no solo para descansar del trabajo, sino para conseguir por un mísero para de semanas, descansar de tu propia vida.

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De la calma y El momento

 

En este mundo y en este sitio en que vivimos (hablo de Madrid, porque Valdemoro no deja de ser parte de Madrid, al menos en el ánimo de sus habitantes) todo sucede deprisa. Y lo que no sucede deprisa queremos que así sea. Y en ese idílico entorno de la prisa, nos acercamos al oasis, a la pausa, a la tabla de salvación. Las vacaciones.

En el interín, ahora que los demás se van de vacaciones (porque siempre son los demás y no yo, hay que ver) y que de un modo u otro estas nos llegarán a los que nos quedamos, se nota sin embargo una cierta calma en el mundo, calma que no es sino un pequeño pepito grillo que nos incita a tranquilizarnos, a bajar una marcha, a reducir el ritmo, a pararnos a mirar y a pensar. A fijarnos los unos en los otros. A escucharnos. Es el preludio de lo que vendrá cuando lleguen las vacaciones, siempre que eso pueda llegar a suceder…

En ese momento todos querremos que todo suceda despacio, pediremos que el tiempo pueda llegar a detenerse en ese minuto de infinita felicidad que propociona el estar sentada en una plaza de la otra punta del mundo (o del pueblo), mirando de frente al mar, escuchándolo, o mirando a la nada, charlando con otro o saboreando una bebida fresca. En ese momento en el que de verdad, no se puede pedir más. Y mientras ese momento llega, pisaré el freno. Me prepararé para él y lo estaré esperando con los sentidos abiertos, para no perdérme ni un detalle.

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